¿Eres gay? Pero no se te nota

Foto: @seres84

– Me encanta tu Instagram, tienes fotos en todas partes – dijo mientras bajaba con su dedo insistentemente la pantalla de su móvil.

– Gracias, antes de escritor soy viajero – respondí inflado de orgullo pavoneándome por el elogio.

– Una nota – acotó ansiosa – y este chico de aquí, está lindo, ¿quién es? – preguntó mirando con insistencia.

– A ver… ¿Juan? Él es mi novio – respondí otra vez inflándome de orgullo.

– A ¿Eres gay? Pero no se te nota – respondió mientras me escaneaba de cabo a rabo y volvía al móvil.

Yo quedé en silencio y más que eso, quedé sin palabras que es diferente. ¿Se suponía que debía sentirme feliz, triste, alagado o a gusto? La verdad era que me había dejado descolocado. Y es que no me explico como esta famosa frase, que estoy seguro que más de uno hemos escuchado, puede seguir pasando. “Hay mucha gente que es tonta y tampoco se les nota” pensé, pero callé por no ser grosero con la chica que hacía dos minutos estaba coqueteándome descaradamente y ahora simplemente seguía estalkiandomi Instagramy el de Juan sin reparo alguno.

Y lo que pasa es que me puse a pensar ¿qué quieren decir cuando dicen que a uno no se le nota lo gay? Que no me lo explico, como tampoco me explico ¿Cómo se nota lo heterosexual, o lo bisexual? Y bueno así me quedé pensando en silencio hasta que la chica terminó su eterno monólogo y al final se fue.

Luego duré en las mismas toda la tarde y parte de la noche, hasta que un chispazo llegó de repente “¡Claro hombre!, probablemente ese fue mi problema siempre, no se me notaba lo gay y por eso me costaba tanto trabajo levantarme a alguien fuera de un bar gay o una aplicación de ligue. Por eso me la pasaba en Grindr.”

“¡Ja! Como no” respondió inmediatamente mi yo interior, que me hace bullying cada 5 minutos con todo lo que digo, pienso o hago, “Si cuando uno es marica se reconoce hasta con gafas oscuras, se la pasaba en Grindrpor perro”

Claramente mi teoría no tenía absolutamente nada de fundamento y por supuesto no explicaba como se le nota a uno lo gay. Y siendo muy honesto, la respuesta la sabía en el fondo de mi corazón, y aunque me rehusaba a adentrarme en el tema debía hacerlo, de lo contrario no iba a poder dormir, ni tampoco iba a dejar dormir al pobre Juan, que me escucha todas las crónicas una y otra vez.

La respuesta es muy sencilla: que se le note a uno lo gay no es más que ser afeminado, ser rosa, botar pluma, ser niña, delicado, en fin, ser maricón o “no heterosexual” como dicen por ahí. Puros estigmas definidos por una sociedad machista que ha impuesto parámetros estúpidos para encasillarnos según una norma social. Y es que el asunto funciona más o menos como los partidos de futbol del mundial o la calificación de las reinas en miss universo, para hablar un lenguaje común a todos: se trata de un puntaje que se suma basado en una serie de parámetros preestablecidos.

Así las cosas, entre más partidos de futbol me vea, menos se me nota, lo que se traduce en que, si no me pierdo la Champions League, la Copa América e incluso el interbarrial por Señal Colombia, sumo puntos para verme más “hetero”. Si no escucho a Britney, Madonna, Kathy Perry o Taylor Swift (guácala), mis puntos de homosexualidad se disminuyen: “¡bien!, no se me nota”.

Si en cambio me preocupa mi corte de pelo, mi cuidado personal y combino los zapatos con el pantalón, lo siento mucho, punto menos a para mi hombría, se me comienza a notar. Y si lo que pasa es que me tapo la boca la reírme, cruzo las piernas al sentarme y uso camiseta apretada, ya perdí, se me nota con toda y a lo lejos.

Una vez alguien me dijo “supe que eras gay por la manillita”, a lo que respondí “yo en cambio no te vi la manillita de heterosexual”. Ambos reímos. Ese día me quedé pensando, como siempre cuando estas cosas pasan, y se me ocurrió pensar cual es la bandera de los heterosexuales.

Lo cierto es que el hecho de que no se me note lo gay no me hace sentir feliz, no me enorgullece ni afirma mi masculinidad. Al contrario, me hace pensar lo lejos que estamos de un pensamiento incluyente y respetuoso. A estas alturas todos piensan que los gais armamos una tormenta en un vaso de agua, que ponemos el grito en el cielo si nos llaman no heterosexuales, enfermos o anormales. Y puede que si, tal vez reaccionamos de más cuando estas cosas pasan, pero la razón no es otra que nuestra lucha por la reivindicación de nuestros derechos que muchas lágrimas y sangre nos han costado.

El hecho que todavía sigan diciéndonos que “no se nos nota”, como si fuera un gran orgullo, es algo que debemos comenzar a cambiar. Pero no nos aflijamos queridos lectores, que hay un motón de gente (gay, heterosexual, bisexual, pansexual) que han pasado por encima de estas tontas convenciones y en lo último en qué se fijan es en el color de la manillita, de la piel, de la camiseta, o si a uno se le nota lo maricón o no. A esos muchos si que se les nota algo, y es lo bonitos seres humanos que son.

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