¿Qué más puede pasar? (Parte II)

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IG: @ckatarn

Durante el viaje de San Andrés a Bogotá me la pasé llorando. Llorando de rabia, de impotencia, de frustración, de incertidumbre. Una parte de mi me cuestiona y se pregunta por qué me afecta tanto si en últimas Santi no me gusta y mi ex novio… bueno mi ex novio es una historia aparte y de él a estas alturas del partido casi nada me puede sorprender. Otra parte me dice “¡claro que ahí estás retratado! Has quedado como el idiota más grande de la tierra y encima de todo llorando en el avión tipo Jennifer Aniston en un capítulo rosa de Friends.”

 

 

Aterrizamos y cuando llegamos a reclamar el equipaje ocurre lo que tenía que pasar: me desvanezco. Y bueno no me desvanezco literalmente, pero si me siento morir. Estoy ardiendo en fiebre y a estas alturas estoy convencido que no tengo resaca, porque a pesar que me tomé la isla entera la noche anterior no conozco de ninguna resaca que produzca fiebre. Después de esperar mil horas por las maletas, tomar un taxi y llegar a casa, me doy un baño y me meto a la cama.

El calor es sofocante y Mari Carmen solo me ve con cara de “¿Qué puedo hacer si no soy doctor?” Ella muy bondadosa y haciendo gala de su amistad incondicional me cuida esa noche, pero al día siguiente debe trabajar así que se va y me deja solo. Y yo pues no le digo nada porque sé de sobra que debe volver al trabajo y reportarse y comenzar a ganarse el sustento diario.

@jeysonpaez
IG: @jeysonpaez

Pasan días y la fiebre no cesa. Entonces me preocupo y pienso “pues ya insolado no estoy porque una insolación no dura tres días”  y me pregunto “¿Qué más puede pasar?” Durante las noches deliro y me siento ahogado en recuerdos. Veo maleantes que me acechan, siento que mi vida se va de mi cuerpo por la nariz y la boca. A veces me siento flotando en el mar, bajo el sol, con los pies fríos y la cabeza a punto de reventar. Otras veces me siento chiquito como si las cobijas se hicieran más y más grandes y me perdiera en un mar de cobijas asfixiante y caliente. No me da hambre y lo único que quiero hacer es dormir bajo una sábana mojada que en minutos se calienta y me llena de bochorno. Mi situación me preocupa.

Pienso en todo. En Santi y su viaje sorpresa yendo tras una ilusión que termina en tragedia. En mi ex novio que no tiene idea de lo que está pasando y probablemente nunca la tendrá. En Mari Carmen y su cara de “¿Qué coños puedo hacer por ti?” En los bandidos del aeropuerto que no lograron escapar. En la mujer policía con quien choqué que se fue dando tiros sin pensar. Entonces saco fuerza de donde no tengo, me voy al médico y espero: una hora, dos horas, todo un día. Me sacan sangre, me examinan… tengo Dengue.

Poco a poco la fiebre cede, me obligo a comer y a descansar. Hablo con Santi y le explico que no puedo tener nada con él porque en mi vida así no funcionan las cosas.

Veo a Mari Carmen y le cuento mis sueños, mis delirios y le pregunto si sabe algo de los bandidos de San Andrés.

Me recupero y salgo a la calle para pensar, para respirar, y me digo a mí mismo “De seguro ya nada más puede pasar”.

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