Una carta de San Valentín

En este día de San Valentín no quiero entregarte mi corazón. Tampoco quiero que me des el tuyo, ni mucho menos. Y no porque crea que es una fiesta cursi, importada de otros lugares o demasiado comercial para ser tenida en cuenta. De sobra sabes que esas arandelas y tecnicismos estúpidos me tienen sin cuidado, que igual si hay excusa para hacer un día especial, pues qué más da si es San Valentín, Kwanza o Yom Kippur, el todo es celebrar y ya está.

Pero hoy no te quiero escribir de mis rollos mentales, ni de mis peleas políticas o mis luchas sociales. Hoy te quiero hablar de mí, de mi corazón y mis sentimientos, y qué mejor fecha que San Valentín para hacerme el más cursi, y empapar estas páginas con litros y litros de chocolate y dulce de leche. Como te decía, no quiero que me entregues tu corazón, y no me malinterpretes, porque en verdad me muero de ganas de ser tu Valentino. Me muero por comprarte un cupcake, de esos que son carísimos y que vienen en una lata de metal, que traen muñequitos impresos. Me muero por tomarte de la mano y llevarte a caminar por el parque, ir a comer a ese restaurante italiano que tanto te gusta pero que casi nunca vamos, porque no tengo dinero o porque no puedes hacer trampa con la dieta.

Y créeme, que he ahorrado un montón para poder llevarte allá y romper la dieta con toda, porque no voy aceptar un no como respuesta. Me muero de ganas de taparte los ojos y llevarte a mi apartamento donde he puesto varias velas y cursilerías pegadas por las paredes, donde he puesto un montón de corazoncitos rojos y bombas colgando del techo. Me muero por darte besitos en el cuello mientras haces caras y te comes el dichoso cupcake, porque está relleno de azúcar refinada y es mucho más empalagoso incluso que todo lo que te he escrito hasta ahora. Quiero quitarte la ropa y recorrer todo tu cuerpo con mis manos y mis besos, desbordado de lujuria y deseo, en parte por lo mucho que me gustas, y en parte por el efecto de la botella de vino que nos vamos a tomar hablando de tus sueños y ese viaje que hicimos en enero.

Quiero eso y mucho más este San Valentín, pero no quiero tu corazón. Y no lo quiero porque es tuyo, te pertenece a ti y nadie más. Prefiero más bien hacerlo latir más rápido cuando me veas y te bese sin avisarte. Prefiero ayudarte a componerlo y reparar esas partes que pensabas que se habían roto para siempre. Prefiero darle calorcito cuando el frío de la tristeza y la adversidad lo encoja y no tengas a quien más acudir. Y si, prefiero que siga siendo tuyo, porque quiero darle alas, para que siendo libre prefiera quedarse junto a mí. Entonces qué dices, ¿Quieres ser mi San Valentín?

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