El Buitre

Has silencio un momento y presta atención con cuidado ¿lo escuchas? es el buitre, que se acerca sin ser llamado. Es carroñero por naturaleza y mezquino por elección, servil cuando está hambriento, gañan al momento de la acción. Se aproxima poco a poco, casi sin verlo, batiendo sus alas con precaución, sosteniendo el aliento con olor a descomposición. Merodea rondando a su presa, con su mirada ansiosa que más que hambrienta, está sedienta de caos y destrucción.

Cierto es, que el buitre es un desgraciado, también lo es, que no es un tonto ni un descerebrado. Por el contrario, se vale de más de una artimaña para lograr su macabra hazaña. Prefiere acercarse lentamente en lugar de ir de frente, pues claro, porque no tiene presencia, figura ni gracia, pero sobre todo porque así asegura su ganancia. Busca lo que no tiene en las sobras de una relación destruida, se alimenta con vehemencia del dolor y la felicidad corroída.

Al buitre deberían llamarlo el maestro de las mil caras, pues cuando aparece se transforma en las criaturas más variadas. A veces juega a ser un amigo del pasado, otras un contacto de Facebook desesperado y también un exnovio que, al pasar el tiempo, se ha vuelto bueno y cambiado. El buitre es un experto en ocultarse, trepando por las ramas sin delatarse, en acercarse y acosarte lentamente hasta sofocarte.

Algunas veces son pacientes y esperan: a la muerte de las relaciones en problemas, a las peleas fortuitas o las discusiones pasajeras. Entonces, cuando llega el momento, atacan y se alimentan, de las sobras y despojos, de los corazones rotos que se lamentan. Otros, más audaces ni siquiera aguardan, provoca envidias, recelos y problemas, para así ganar terreno y beber de la tristeza con desenfreno. Pero claro, que los hay más descarados, soberbios carroñeros con ínfulas de rapaces, creaturas deshonrosas que van detrás de lo que pase, no importa si es amigo, familia o vecino, no distinguen entre tipo, estatus o cariño.

Si el buitre te asedia, ten cuidado: cierra las ventanas (¿de chat?), asegura con cerrojo la entrada, revisa dos veces quien te sigue y no descuides tu mirada. No temas al buitre, pero ten cuidado, que es un ser malvado, que no respeta ni a su propio ser amado.

Imagen: Sun Bathers. Henry Scott Tuke. 1888.

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