Orgullo ¿De qué?

Toda la semana me la pasé pensando en el dichoso orgullo. Y no quiero que me malinterpreten, pues disfruto las marchas, la celebración y desde luego las fiestas. Pero el asunto comenzó a martillarme la cabeza tanto o más, como el hecho de que hubieran cancelado Sense8. Y es que, si ser gay es algo natural, algo que “ocurre”, ¿dónde estaba mi orgullo? ¿Ese que sentía año tras años en las marchas y cuando escribo con vehemencia sobre las relaciones entre chicos? ¿Ese mismo que a pesar de la discriminación de la misma comunidad continúo desempolvando año tras año?

Antes, ya me había dejado claro a mí mismo que, si volviera a nacer, volvería a ser gay, claro, pero no me gustaría volver a ser discriminado, maltratado, humillado ni atemorizado, eso nunca. El asunto me tenía mal, entonces me fui a los orígenes. Cuando a mí me “ocurrió” o bueno, cuando me di cuenta que me estaba ocurriendo, tenía como 12 años y me llevó algunos años más entender lo que pasaba, pero, sobre todo, aceptarme tal y como era: simplemente GAY. Eso sí que fue difícil queridos lectores, porque me la pasaba luchando contra mí mismo, contra mi naturaleza, contra mi propia naturaleza, todo por un montón de prejuicios impuestos principalmente por la sociedad y la religión.

¿Qué hice? Tratar de vivir con ese “algo” que no podía cambiar. Tratar de ignorarlo, soportarlo, ocultarlo, hasta que se convirtió en algo tan fuerte que no pude más y me enfrenté a dos caminos: o lo reprimía (que es algo así como decirle a un zurdo que aprenda a escribir con la mano derecha a los 60 años), o terminaba muriéndome de tristeza. ¿Y saben qué?  lo peor es que muchos se han muerto de tristeza.

Pero entonces señores y señores, pasó lo impensable, conocí alguien que también pasó por lo mismo, que también sufrió, pero que terminó aceptándose, que pasó por encima del odio, del resentimiento, del bullying, que les contó a los papás, a los amigos, al colegio y la universidad y que fue feliz. Entonces, me interesé más en el tema, investigué y me di cuenta que era algo normal, que era natural y finalmente, luego de ocho largos años, me acepté y eso fue como quitarme una tonelada de ladrillos de encima.

Que claro, la felicidad es increíble, pero duró poco, porque se convirtió en secreto, un secreto maravilloso pero íntimo, algo que tenía que esconder. ¿Y luego qué? Pues llevaba una doble vida, con mis papás, con mis amigos, en la Universidad, en el trabajo. Porque vamos, que Roma no se hizo en un día y uno va saliendo poquito a poco del closet. Y es irónico, porque es triste tener que ocultar la naturaleza, nuestra naturaleza, simplemente por el hecho de que a otros no les gusta.

Como sea, el tiempo pasó y me fui mentalizando con el discurso interno de la naturaleza y como que fui cogiendo valor, eso sí, poco a poco. Y claro, llegaron los amigos gais, esos que andaban en las mismas que uno, escondiéndose pero divirtiéndose, entonces comencé a sentirme respaldado. Con ellos llegaron las fiestas, las tardes de café, los chicos y el amor, y uno siente que a pesar que tiene que esconderse para evitarse problemas, es feliz con esa persona que pensaba que nunca iba a encontrar. Y eso, mis muy queridos lectores, nos da más valor, porque una naturaleza que es tan chévere y que trae tantas cosas lindas no puede ocultarse por mucho tiempo.

Entonces, un día sin previo aviso, salimos del closet. Puede que nos descubran, porque al final nos volvemos descuidados y cada vez nos importa menos esconder quienes somos, va perdiendo sentido seguir con una mentira. Otras, puede que armados de valor, nos levantamos un día y decidamos mandar todo al coño y le contamos a todo el mundo. Y claro que hay drama, no todos lo aceptan fácilmente, los procesos son complejos, sobre todo por el temor; todos temen que nos hagan daño, precisamente por toda esa mano de irrespeto y odio que existe en este mundo.

A mí personalmente solo me importaba salir del closet con mi familia, el resto en últimas me tenía sin cuidado. Cuando lo hice fue doloroso pero necesario y eventualmente el amor de los padres es más fuerte que cualquier otra cosa. Habían pasado diez años desde que supe lo que me estaba “ocurriendo” y dos desde que me había aceptado. Diez años en la vida de un ser humano negándose a vivir su propia naturaleza es mucho tiempo. Fueron diez años en los que desperdicié las experiencias en el colegio, mi adolescencia y la universidad, todo por el temor, precisamente, por tener que ocultar mi naturaleza.

¿Qué pasó luego? Pues crecí, salí del closet con todos, comencé a escribir y a ver el mundo, el mundo real en el que hay deudas que pagar, lugares que conocer y mucho por hacer. Claro, ya era un adulto, y ahora mi naturaleza no me reclamaba tener un novio, cogerme de la mano o contarles a mis padres. Ahora mi naturaleza me reclamaba tener una familia, no ser perseguido, discriminado o asesinado, ser y vivir en condiciones de igualdad, porque hombre, es natural.

Ya adulto me di cuenta que mi lucha personal no había sido en vano ni solitaria. Me di cuenta que muchos al igual que yo pasaron por lo mismo, y de seguro muchos lo pasarían también. Pero también me di cuenta que muchos hicieron y hacen lo imposible porque mi naturaleza y la de todos nosotros sea respetada. Incluso muchos han entregado su vida para que nadie vuelva a morir de tristeza, para defendernos.

Luego del recorrido por una de las etapas más complicadas de mi vida, tipo resumen de temporada, entendí finalmente el asunto del Orgullo Gay. Orgullo ¿De qué? Pues claro que de lo que he aprendido, de quien soy, del hombre en quien me convertí, pero sobre todo orgullo de todos los que día a día han hecho algo para que la igualdad sea respetada. Y son muchos, no solo los activistas, los defensores de derechos o los voceros. Son los padres (desde luego mis padres) que han defendido a sus hijos, que les han dado amor en lugar de odio y recriminación. Son los hermanos y amigos que nos han ayudado a ocultarnos mientras teníamos miedo de revelar nuestro secreto. Somos nosotros mismos, que hemos pasado por tanto y seguimos adelante, aún más fuertes, aún más sabios. Pues si, ese es mi orgullo.

Ultílogo

Esta semana leí un tweet de un muy querido amigo mío que cree que no lo recuerdo, pero sí. Él escribía algo así como “Jamás den por sentado sus derechos, conozcan la historia de lo que tienen ahora, pues es el esfuerzo de miles en el pasado”. De ti también estoy muy orgulloso amigo.

Foto: IG @gabalgg

 

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